Cueva Guácharo
en Venezuela.
En el macizo Caripe, una región montañosa al noreste
de Venezuela, el viajero encuentra el Parque Nacional
El Guácharo, uno de los grandes atractivos de la zona.
Una vegetación compuesta por bosques ombrófilos semicaducifolios
estacionales y submontanos perennifolios; en algunas
zonas de las laderas encontrará el viajero -o el turista
organizado que se aventure por un momento fuera del
grupo- una vegetación típica de la sabana. Más biología:
entre las especies del paraje encontramos el Turkey
Vulture, el Merlin, el Osprey o el Summer Tanager.
El viajero interesado en la geografía física ha
de saber además que en el Parque nacen algunos rios
venezolanos como El Carinicuao, el Cariaco, el Guarapiche
y el Caripe. Por las inmediaciones, podrá avistar
los mayores picos del macizo del Caripe, como son
El Cerro Negro (con sus 2430 metros) y la Montaña
(1689 metros).
El Parque Nacional El Guácharo ocupa 15.500 hectáreas
y lo encontramos entre los Estados Monagas y Sucre.
ParaÍso de excursionistas y senderistas, a estos les
salen al paso cursos de agua, cavernas -aparte de
la del Guácharo, la mayor de ellas- lagunas y cañones.
El sendero La Paila es acaso el más relevante, y parte
de las cercanías de la Cueva. Se llega al Parque tomando
la carretera de Maturin a Caripe; se desplegará ante
los ojos del explorador un verdor lujurioso. Se embriagará
con la sensación de estar en la América del Sur, de
habe rpenetrado ya su geografía lujuriosa. Hay que
llegar al Parque pasadas las seis de la tarde. Porque
a esa hora es cuando se despliegan los Guácharos,
multiplicando la sensación de exotismo. Y es el ave
Guácharo la que le da el nombre al Parque y a su principal
atracción: La cueva del Guácharo.
Se trata de una cueva de estalactitas recorrida inicialmente
por Humboldt, geógrafo y naturalista alemán de finales
del XVIII y principios del XIX.. Recorrida en parte,
ya que sólo han sido once los kilómetros penetrados
en el interior de la cueva. La cueva seducirá al licenciado
o doctor en Geología. Las rocas que la forman son
las calizas, las lutitas y las rocas arcillosas y
areniscas. Las calizas se han ido disolviendo con
el tiempo por causa del agua de las lluvias que penetra
en la cueva y ha ido originándose ese sistema subterráneo.
Fue Francisco de Ybarra quien primero se adentró
en la cueva. Pero en 1799 fueron visitadas por Alejandro
Humboldt que ha sido el nombre más directamente asociado
con El Guácharo y sus estalactitas. Humboldt dio a
conocer el paraje en su obra Viaje a las regiones
equinocciales del Nuevo Continente. Según cuenta,
se adentró unos 472 metros y alcanzó una estalagmita
gigante, hoy llamada El Castillo. En 1835, Agustín
Colazzi volvió a recorrer las huellas de Humboldt
y se llegó más adentro que el prusiano, hasta el Paso
del Silencio, el Salón de los Pechos y el Salón Precioso.
También dejó por escrito su experiencia.
En las cuevas del Guácharo podemos definir tres zonas
o ambientes: la zona de penumbra (desde la entrada
hasta el punto máximo de penetración de la luz natural);
la zona intermedia, ya de oscuridad y con una temperatura
y humedad variables, y la zona profunda con temperatura
y humedad constantes. Cuenta la cueva con un recorrido
diseñado para turistas -algunos llevaran a Humboldt
o Colazzi en la mochila- de un kilómetro y medio de
longitud. En la Cueva encontramos el Salón Humboldt.
El Salón Humboldt tiene 759 metros de longitud;
de su techo caen estalactitas de gran tamaño. A 180
metros de distancia, le sale al paso al nuevo Humboldt
mochilero el Primer Pedregal, al que le sigue el Segundo
Pedregal. Es aquí donde encontrará la gran estalagmita
El Castillo. Desde el tercel Pedregal, se alcanza
el Paso del Silencio, en el que ni el aleteo de los
guácharos puede percibirse. Sólo el levísimo rumor
de algún curso de agua. El Salón Precioso cuenta con
tres bóvedas: Rolando (nombre de un general a quien
se le ocurrió esconderse aquí, en las profundidades
del Guácharo hacia el año 1900); el Salón de las Campanas
(golpeando suavemente oiremos un tañido parecido)
y la tercera bóveda o cuarto del Perro.
El turista o viajero (o explorador en este caso)
que continue adentrándose, se llegará hasta el Salón
Sublime y el Cuarto de los Pechos, con sus formaciones
semejantes a esos accidentes orográficos femeninos.
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